Marcos Ramírez BETA
Túnel de fibra óptica cifrada conectando un edificio de oficinas con un televisor mostrando catálogos de streaming

VPN: del trabajo remoto al gran negocio de vender miedo

· ⏱ 10+ min lectura

Cada vez que abro YouTube me cae un anuncio diciéndome que sin una VPN cualquier hacker de la cafetería me va a vaciar la cuenta del banco. Que mi proveedor me espía. Que estoy desnudo en internet. Y siempre acaba igual: dos años de suscripción con un 83% de descuento, oferta solo por hoy.

Llevo casi TREINTA años trabajando con ordenadores, y cuando empecé a usar VPNs no servían para nada de esto. Servían para trabajar. La diferencia entre lo que era una VPN y lo que te venden hoy es uno de los giros de marketing más curiosos que he visto en tecnología.

Vamos por partes.

Qué era una VPN cuando la palabra significaba algo

Una VPN (Virtual Private Network, red privada virtual) es, en su esencia técnica, un túnel cifrado entre dos puntos. Nada más. Coges tu tráfico, lo metes en una tubería cifrada, y sale por el otro lado como si estuvieras físicamente en esa red.

El uso original era profundamente aburrido: conectar al trabajador de casa con la red interna de la empresa. Necesitabas entrar al servidor de archivos de la oficina, al ERP, a la impresora de red, a la base de datos interna. Levantabas la VPN corporativa y, para todos los efectos, tu portátil estaba dentro de la oficina aunque estuvieras a 500 kilómetros.

Eso era una VPN. Una herramienta de acceso remoto. Sin glamour, sin anuncios, sin “protege tu identidad digital”. Un fontanero de redes.

Y ese uso no ha muerto, ojo. Ha explotado. El tráfico de VPN corporativa en Estados Unidos creció un 44% entre 2021 y 2024 por culpa del trabajo híbrido, y en 2024 el 62% de las multinacionales obligaban a sus empleados remotos a usar VPN. El acceso remoto sigue siendo el motor serio del sector. Lo que pasa es que no es lo que te venden a ti.

El giro: de la oficina al catálogo de Netflix

En algún momento alguien se dio cuenta de un efecto secundario del túnel cifrado: si tu tráfico sale por un servidor en Estados Unidos, los servicios que visitas creen que estás en Estados Unidos.

Y ahí cambió todo.

De repente la VPN ya no era para conectar con la oficina. Era para ver el catálogo de Netflix de otro país, que siempre tiene las series que aquí no llegan. Para pillar ofertas de vuelos con IP de otro mercado. Para saltarte el geobloqueo de turno.

Netflix no se quedó de brazos cruzados. Presionada por los dueños de los derechos audiovisuales, empezó a bloquear conexiones que venían de VPNs y proxies, con fuerza ya en 2016. Detecta listas de IPs de centros de datos, discrepancias entre tu IP y tu DNS, patrones de tráfico raros. Y los proveedores de VPN responden rotando IPs constantemente.

Es una guerra de gato y ratón que no se acaba nunca. Tú pagas la suscripción, funciona un mes, deja de funcionar, te cambias de servidor, vuelve a funcionar. El negocio del desbloqueo de streaming se sostiene literalmente sobre esa pelea perpetua.

El negocio del miedo

Aquí es donde la cosa se pone interesante de verdad.

El mercado mundial de VPN se valoró en ±70.000 millones de dólares en 2025. En 2024 más de 1.800 millones de personas usaron alguna VPN al menos una vez al mes, frente a los 1.400 millones de 2023. Esto ya no es un nicho de frikis: es una industria gigantesca.

¿Y cómo se vende un túnel cifrado a 1.800 millones de personas que no saben lo que es un túnel cifrado? Con miedo.

La narrativa comercial es siempre la misma:

  • Tu proveedor de internet vende tus datos.
  • En el wifi público cualquiera te roba las contraseñas.
  • Sin VPN estás expuesto, vigilado, en peligro.

Parte de eso tiene un fondo de verdad de hace quince años. Pero hoy la inmensa mayoría del tráfico web va por HTTPS cifrado de extremo a extremo. Cuando entras a tu banco desde el wifi de la cafetería, nadie de esa red ve tu contraseña, porque ya viaja cifrada entre tu navegador y el banco. La VPN no añade ahí la protección milagrosa que insinúa el anuncio.

Lo que hace una VPN comercial es mover el punto de confianza. Antes confiabas en tu proveedor de internet para ver por dónde navegas. Con la VPN se lo entregas íntegramente al proveedor de la VPN. Y la pregunta del millón es: ¿en quién confías más?

Quién está detrás de tu VPN

Spoiler: probablemente no tienes ni idea de a quién le estás dando todo tu tráfico.

El sector de las VPN de consumo está mucho más concentrado de lo que parece. Detrás de marcas que se presentan como rivales suele haber el mismo dueño. Y el caso más sonado es el de Kape Technologies.

Kape posee ExpressVPN (comprada en 2021 por 936 millones de dólares), Private Internet Access, ZenMate y CyberGhost. Cuatro marcas “distintas”, un solo propietario.

¿Y quién es Kape? Ahí está el detalle incómodo. Hasta marzo de 2018 la empresa se llamaba Crossrider, y Crossrider no nació en el mundo de la privacidad. Nació haciendo un SDK para desarrollar y monetizar extensiones de navegador. Según documentó la propia Wikipedia recogiendo un estudio conjunto de la Universidad de Berkeley y Google de 2015, esa plataforma de monetización acabó siendo usada por grandes inyectores de publicidad mediante técnicas man-in-the-browser, que modificaban o añadían anuncios a lo que veía el usuario.

Es decir: una empresa cuya tecnología estuvo asociada a la inyección de publicidad en navegadores hizo un giro de 180 grados, se cambió el nombre para distanciarse de “actividades pasadas” (palabras de su propio CEO), y hoy es uno de los mayores vendedores de privacidad del planeta. Está controlada por el empresario Teddy Sagi.

Por si fuera poco, Kape también compró en 2021 a Webselenese, una editorial que gestiona sitios de “reseñas de VPN”. Lee eso otra vez: la empresa dueña de varias VPN también es dueña de webs que reseñan VPNs. Cuando busques “mejor VPN 2026” y te salga un ranking, plantéate quién lo escribe.

Esto no es teoría conspiranoica. Es estructura de mercado, documentada y pública.

El caso CyberGhost en concreto

CyberGhost merece un apartado propio porque es el ejemplo perfecto de la contradicción.

La empresa la fundó en 2011 en Bucarest el alemán Robert Knapp. Rumanía es, sobre el papel, una jurisdicción buena para una VPN: está fuera de las alianzas de inteligencia “5/9/14 Eyes” y la ley rumana no obliga a los proveedores a retener datos de los usuarios. CyberGhost presume de política de cero registros sobre servidores que funcionan solo en RAM, que se borran enteros en cada reinicio, y en enero de 2024 una auditoría de Deloitte en Rumanía confirmó esa política de no-logs y el uso de servidores en RAM.

Hasta aquí, todo suena bien. El problema no es lo que CyberGhost hace técnicamente hoy. El problema es de quién pasó a depender.

Porque en 2017 CyberGhost fue comprada precisamente por Kape (entonces todavía Crossrider). Tienes una VPN rumana con buena jurisdicción, auditorías recientes y servidores en RAM, propiedad de un grupo cuyo origen está en el negocio de la monetización publicitaria de navegadores. La parte técnica te dice “confía”. El árbol genealógico te dice “mira bien antes”.

Y seré honesto, porque aquí es fácil caer en el amarillismo: buena parte de los “escándalos de CyberGhost” que circulan por foros son confusos, antiguos o mal documentados. La incidencia real, la que sí está sólidamente documentada, no es una brecha espectacular ni un pillaje de logs. Es justo esta: a quién le estás entregando tu tráfico y de dónde viene esa empresa. Eso es lo que de verdad importa cuando hablamos de privacidad.

Evaluar en quién depositas la confianza de toda tu navegación es, literalmente, un ejercicio de seguridad. Es el tipo de análisis que hago para empresas que necesitan saber si la infraestructura en la que confían su tráfico aguanta el escrutinio; si es tu caso, cuéntame tu situación.

Entonces, ¿necesitas una VPN o no?

Mi respuesta, después de todo esto: depende, y casi nunca por lo que te dice el anuncio.

Casos en los que una VPN tiene sentido de verdad:

  • Acceso remoto a la red de tu empresa. El uso de toda la vida, el que de verdad importa.
  • Saltarte censura o bloqueos geográficos cuando un contenido legítimo no está disponible en tu país.
  • Esquivar bloqueos abusivos de tu propio operador. Aquí en España es muy real: ya conté cómo La Liga bloqueó mi blog de pasada por culpa de los bloqueos masivos de IPs, y una VPN es una de las pocas vías para sortear ese despropósito.
  • Periodismo, activismo o cualquier contexto donde tu modelo de amenaza sea serio de verdad.

Casos en los que te están vendiendo humo:

  • “Protégete en el wifi público.” HTTPS ya te protege en la inmensa mayoría de los casos.
  • “Que tu proveedor no te espíe.” Vale, pero entonces te espía la VPN. Has cambiado de vigilante, no lo has eliminado.
  • “Sé anónimo en internet.” Una VPN no te hace anónimo. Tus cuentas, tu navegador, tus cookies y tu huella digital siguen ahí.

La regla que funciona es sencilla: una VPN traslada tu confianza de tu operador al proveedor de VPN. Si esa mudanza tiene sentido en tu caso concreto, adelante. Si la haces solo porque un anuncio te ha metido el miedo en el cuerpo, estás pagando por una sensación, no por una protección.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Una VPN me hace anónimo en internet?

No. Una VPN cifra tu tráfico y oculta tu IP real frente a los sitios que visitas, pero no te hace anónimo. Tus cuentas iniciadas, las cookies, la huella de tu navegador y tu comportamiento siguen identificándote. El anonimato real es mucho más complejo que instalar una app.

¿Necesito una VPN para el wifi público?

En la mayoría de los casos, no. Hoy casi todo el tráfico web viaja por HTTPS, que cifra la conexión de extremo a extremo entre tu navegador y el servidor. Nadie en la red del bar ve tu contraseña del banco aunque no uses VPN. El argumento del wifi público es, en buena medida, marketing del miedo.

¿Quién es el dueño de CyberGhost?

CyberGhost pertenece desde 2017 a Kape Technologies, antes llamada Crossrider, una empresa controlada por el empresario Teddy Sagi. Kape posee también ExpressVPN, Private Internet Access y ZenMate, además de webs que reseñan VPNs.

¿Las VPN gratuitas son seguras?

Como norma, desconfía. Mantener servidores cuesta dinero, y si no pagas con dinero, normalmente pagas con tus datos o con publicidad. Una VPN gratuita que monetiza tu tráfico es exactamente lo contrario de lo que se supone que debe hacer una VPN.

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¿Usas VPN? ¿Para trabajar, para el streaming, o porque un anuncio te convenció? Cuéntame.

Y… la próxima vez que un anuncio te suelte que estás desnudo en internet, pregúntate quién quiere venderte la ropa.

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