Marcos Ramírez BETA
Máquina industrial cortando el lomo de una pila de libros usados junto a un escáner de alta velocidad, en un almacén con iluminación fría

📰 Por qué Anthropic destruye millones de libros (y es legal)

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Documentos internos revelados en un juicio muestran que Anthropic llevaba desde 2024 comprando libros usados a lo bruto, cortándoles el lomo con una máquina hidráulica y escaneándolos página a página antes de mandar el papel a reciclar. El proyecto tenía nombre en clave, Project Panama, y un documento de planificación interno lo resume sin rodeos: “nuestro esfuerzo por escanear destructivamente todos los libros del mundo”. La empresa que fabrica Claude no deseaba que se supiera. Lo dice el propio documento: “no queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”. Un juez federal, mientras tanto, ha dado el visto bueno legal a todo el proceso.

Qué es Project Panama y qué revelan los documentos

Todo arranca en 2021, cuando el cofundador de Anthropic Ben Mann descargó millones de libros pirateados de bibliotecas digitales como Library Genesis para entrenar los primeros modelos de la compañía. Ese atajo dejó a Anthropic con una exposición legal enorme, y el propio Dario Amodei, su CEO, buscaba evitar lo que él mismo describió como el “engorro legal y de negocio” de conseguir el contenido de forma legítima.

La solución llegó en febrero de 2024, cuando Anthropic fichó a Tom Turvey, antiguo responsable de acuerdos editoriales de Google Books, para montar una alternativa que sí aguantara un tribunal. Ahí nace Project Panama: comprar libros usados por lotes a distribuidoras, en vez de piratearlos.

El proceso, según las propuestas de proveedores citadas en los documentos judiciales, contemplaba convertir entre 500.000 y dos millones de libros en un periodo de seis meses. La mecánica era siempre la misma:

  • Compra masiva de libros usados a través de distribuidoras y librerías.
  • Corte del lomo con una máquina de cizalla hidráulica para separar todas las páginas de golpe.
  • Escaneo a alta velocidad, página a página, con escáneres de producción.
  • Recogida programada por una empresa de reciclaje que se llevaba el papel sobrante.

Al final del proceso no queda ni una sola copia física. Solo el archivo digital.

Aquí está la parte que de verdad importa, y la que hace que todo esto sea legal en vez de un escándalo con demanda directa. El juez William Alsup, en su sentencia de junio de 2025 sobre el caso Bartz v. Anthropic, determinó que entrenar modelos de lenguaje con libros comprados legalmente es uso transformador, protegido por la doctrina del fair use en Estados Unidos. Pero puso una condición muy concreta: la digitalización solo es legal si el ejemplar físico desaparece en el proceso.

La lógica del juez es sencilla de seguir. Si Anthropic conservara el libro en papel y además tuviera la copia digital, estaría teniendo dos copias del mismo contenido habiendo pagado por una sola, y eso debilita cualquier argumento de fair use. Destruir el original convierte la operación en algo parecido a una conversión de formato: cambias papel por bits, no multiplicas copias. Ese matiz legal es la razón exacta por la que Anthropic recicla el papel en vez de guardarlo en un almacén.

Lo llamativo es que esta interpretación no la impuso ningún regulador. Nació de una empresa buscando una forma de blindarse legalmente, y un tribunal se la validó. A partir de ahí, cortar libros con una cizalla hidráulica pasó de sonar a vandalismo cultural a ser, en la práctica, la forma más segura que tiene una empresa de Inteligencia Artificial de entrenar sus modelos con literatura sin acabar en los tribunales por piratería.

El otro frente: 7 millones de libros pirateados y un acuerdo de 1.500 millones

Project Panama resuelve el problema hacia adelante. Pero Anthropic seguía teniendo un problema hacia atrás: los más de siete millones de copias descargadas de fuentes pirata como Library Genesis y Pirate Library Mirror antes de que existiera ningún proyecto de compra legítima. Alsup fue tajante en ese punto: descargar y almacenar de forma masiva libros de portales ilegales es una infracción clara del copyright, sin matices de fair use que valgan.

Esa parte del caso ha terminado en un acuerdo económico histórico. El 20 de julio de 2026, la jueza Araceli Martínez-Olguín (que asumió el caso tras la jubilación de Alsup a finales de 2025) dio la aprobación final a un acuerdo de 1.500 millones de dólares entre Anthropic y el colectivo de autores y editoriales demandantes, encabezado por la autora Andrea Bartz y el escritor Kirk Wallace Johnson.

El reparto es de aproximadamente 3.000 dólares por cada una de las 500.000 obras afectadas, y más del 91% de los titulares de derechos elegibles ya ha reclamado su pago. Es, hasta la fecha, el mayor acuerdo económico jamás alcanzado en una demanda de copyright contra una empresa de Inteligencia Artificial.

Conviene no perder de vista una cosa: este acuerdo no sienta jurisprudencia vinculante. Es un pacto entre las partes, no una sentencia de apelación, así que no obliga a ningún otro tribunal a fallar igual. De hecho, demandas parecidas siguen abiertas contra Google, Meta, Midjourney y OpenAI, y hace apenas unos días varias editoriales, entre ellas Hachette y Cengage, presentaron una demanda colectiva contra Google por el entrenamiento de Gemini.

Por qué precisamente compran libros viejos y descatalogados

Hay un motivo adicional para todo este esfuerzo que va más allá de esquivar demandas: los libros impresos antes de que la Inteligencia Artificial generativa se popularizara son, literalmente, un recurso que se está agotando. Empresas como ZoomBooks y PrepFort, que actúan como proveedoras de este tipo de material para laboratorios de Inteligencia Artificial, y bases de datos bibliográficas como ISBNdb, describen esos libros antiguos como una reserva de texto humano que ningún rastreo de internet puede garantizar, libre de la contaminación de contenido generado por la propia Inteligencia Artificial.

Dicho de otra forma: cuanto más satura la red el contenido escrito por modelos de lenguaje, más valioso se vuelve todo lo que se escribió antes de que eso empezara a pasar. Librerías españolas han reportado pedidos de una sola empresa de Silicon Valley que superaban los 3.000 libros, con compras automatizadas separadas por minutos, centradas en no ficción descatalogada de temáticas muy variadas. No es casualidad que se fijen en libros viejos: es la parte del mercado editorial que todavía nadie había pensado en proteger de esto.

Anthropic, según los propios documentos internos, considera los libros “esenciales” para que Claude aprenda a escribir bien, en vez de imitar lo que dentro de la empresa llaman “low quality internet speak”, el habla de baja calidad típica de internet. Y ese argumento, en mi experiencia leyendo salidas de distintos modelos, no es descabellado: se nota mucho la diferencia entre un modelo entrenado a base de foros y comentarios sueltos, y uno que ha masticado literatura editada de verdad.

Qué significa esto para el futuro de los libros en papel

Lo que más inquieta de todo este asunto no es tanto que una empresa entrene su Inteligencia Artificial con libros, algo que ya sabíamos que pasaba de una forma u otra. Es que ahora existe un incentivo legal explícito para destruir el original en el proceso. Si conservar el papel debilita tu defensa de fair use, la conclusión práctica es que cuantos más libros se destruyan digitalizando, más protegida legalmente está la empresa que lo hace.

Y aquí es donde entra la pregunta incómoda que ha puesto de moda este caso: ¿quién decide qué ediciones sobreviven cuando el criterio de compra no es la rareza ni el valor histórico de un libro, sino conseguir texto editado en bruto lo más barato posible? Los propios documentos judiciales aclaran que Project Panama no perseguía ejemplares raros ni de coleccionista, se centraba en comprar libros usados a granel para conseguir texto de calidad editorial. Pero cuando hablamos de millones de ejemplares pasando por una cizalla, aunque cada libro individual no sea irremplazable, el volumen agregado sí que plantea una pregunta seria sobre qué parte del registro escrito en papel va a sobrevivir a esta década sin que nadie la haya escaneado antes de perderla.

De momento, la parte legal está resuelta, al menos para Anthropic. La parte ética, la de si comprar y triturar la literatura de segunda mano del siglo pasado para entrenar un chatbot es el mejor uso posible de ese material, sigue completamente abierta.

Preguntas frecuentes

¿Qué es Project Panama de Anthropic?

Es el nombre interno del programa con el que Anthropic compró y destruyó hasta dos millones de libros usados desde 2024: les cortaba el lomo con una máquina hidráulica, escaneaba cada página a alta velocidad y reciclaba el papel sobrante, todo para conseguir contenido legal con el que entrenar a Claude.

¿Por qué es legal destruir los libros después de escanearlos?

Porque el juez William Alsup, en el caso Bartz v. Anthropic, dictaminó que digitalizar libros comprados legalmente cuenta como fair use solo si el ejemplar físico desaparece en el proceso. Conservar el papel además de la copia digital debilitaría ese argumento legal, así que destruirlo es lo que blinda a la empresa frente a una demanda de copyright.

¿Cuánto va a pagar Anthropic por el acuerdo de los libros pirateados?

1.500 millones de dólares, repartidos en unos 3.000 dólares por cada una de las 500.000 obras afectadas. La jueza Araceli Martínez-Olguín dio la aprobación final el 20 de julio de 2026, en el mismo caso donde se determinó que descargar libros de portales pirata como Library Genesis sí fue ilegal.

¿Por qué las empresas de Inteligencia Artificial compran libros viejos en vez de usar internet?

Porque los libros impresos antes del auge de la Inteligencia Artificial generativa son texto escrito por humanos garantizado, sin contaminación de contenido generado por modelos de lenguaje. Eso los convierte en un recurso cada vez más escaso y valioso para entrenar modelos que escriban bien.

Fuentes

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Y… a ver cuántos libros más acaban en la cizalla antes de que alguien pare a pensarlo.

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