Marcos Ramírez BETA
Gato atigrado gris sentado en una mesa junto a una mano con un dedo vendado sobre un portátil

Mi gato me destrozó el dedo, y el culpable no fue mi gato

· ⏱ 12+ min lectura

Llevo un tiempo sin escribir nada nuevo por aquí, y la razón no es falta de ideas ni una crisis existencial con el blog. Es mucho más tonta: no podía teclear.

Un dedo. El anular de la mano derecha. Y el responsable duerme ahora mismo a dos metros de mí, ronroneando, sin la menor idea de lo que ha hecho.

Y lo mejor es que no viene solo. Vengo de una baja por una lesión ocular que no me dejaba ver el monitor, la que tuvo el blog 18 días sin publicar nada sin que yo me enterara. Recupero la vista, me siento otra vez a escribir, y al poco resulta que ya no puedo apoyar la mano. Primero los ojos, luego las manos. A este paso escribo con los pies.

Vayamos por partes, que la historia tiene más capas de las que parece.

Mi gato tiene ataxia cerebelosa

Año y medio no llega. Y desde cachorro se mueve raro.

La ataxia no es debilidad, y este es el malentendido más común. Un gato atáxico tiene fuerza en las patas, lo que no tiene es coordinación. El músculo responde, pero el cálculo de cuánto y cuándo sale mal. Le afecta sobre todo al tren trasero: anda con las patas muy abiertas, da pasos exagerados, como si levantara mucho más de lo necesario, y a veces se le va el culo hacia un lado al tomar una curva.

En su caso es ataxia cerebelosa, la que viene del cerebelo, que es la parte del cerebro que coordina el movimiento. El Manual Veterinario MSD la agrupa dentro de los trastornos cerebelosos congénitos y hereditarios de perros y gatos, y la causa más habitual en gatos es que la madre pasara la panleucopenia felina durante la gestación.

Las tres ataxias que existen, por si alguien llega aquí buscando:

  • Cerebelosa: movimientos exagerados, temblor cuando va a por algo, sin pérdida de fuerza. La suya.
  • Vestibular: la del equilibrio. Cabeza ladeada, vueltas en círculo, ojos moviéndose solos.
  • Propioceptiva: el gato no sabe dónde tiene las patas, se le cruzan, arrastra los dedos.

Lo importante de la cerebelosa congénita, y esto es lo que nadie te cuenta el día del diagnóstico: no duele, no se contagia y no va a más. El daño está hecho antes de nacer y se queda ahí. El gato aprende a compensar y con los años se maneja mejor, no peor. Vive lo que viva cualquier otro gato de casa.

Eso sí, hay que adaptarle la casa. Rampas en vez de saltos largos, comederos a ras de suelo, nada de estanterías a tres alturas, y cero acceso a ventanas o balcones sin proteger. Un gato que calcula mal un salto no es un gato que se cae de vez en cuando. Es un gato que se cae siempre.

La sala de juego del veterinario

Mi clínica tiene una sala preciosa para gatos. Castillos, rascadores, túneles, juguetes colgando. Y la gracia es que ahí se les suelta: sacas al gato del transportín y le dejas moverse libre, que explore, que se relaje antes de la consulta.

Eso funciona porque hay una norma no escrita que todo el mundo entiende a la primera: hay gatos sueltos. Se entra despacio, abriendo poco la puerta, cerrándola detrás, sin dar voces. Lo haces una vez y ya no se te olvida.

O eso pensaba yo.

Lo que pasó

Entraron tres personas a la vez. De golpe, la puerta abierta de par en par, hablando alto y dando botes, literalmente, mientras entraban.

Mi gato pasó de estar olisqueando un túnel a estar en modo pánico en menos de un segundo. Y un gato en pánico no piensa, busca un agujero. Salió disparado a esconderse, chocándose con todo, que es exactamente lo que peor se le da a un gato que no coordina bien las patas de atrás.

Yo hice lo que haría cualquiera que vea a su gato atáxico rebotando contra los muebles: fui a cogerle.

Error.

No me mordió a mí. Mordió a la mano que apareció en mitad de su huida. Es una distinción importante, porque luego te comen la cabeza con que “tu gato es agresivo” y no, un gato aterrorizado al que agarras muerde SIEMPRE. No hay gato bueno ni gato malo en esa ecuación, hay biología.

El forcejeo dejó también lo típico, arañazos en antebrazo y palma, que al lado de lo otro fue una anécdota:

Antebrazo y palma de la mano con varios arañazos superficiales y punciones pequeñas tras el forcejeo con el gato

Cómo quedó el dedo

Aquí es donde aviso. Las fotos que vienen a continuación están tapadas a propósito, desenfocadas y con un botón para verlas. Si te impresiona la sangre, sáltate esta sección y no pasa nada: el resumen es que el colmillo entró por la yema y llegó hasta el hueso, y que la uña se partió por el camino.

Dedo anular con la uña partida y la yema ensangrentada, antes de la cura, sobre la camilla de la clínica

La mordedura fue en la yema. La uña se llevó su parte y acabó partida.

Dedo anular ensangrentado durante la cura, con gasas y unas tijeras de curas al fondo

Gasas, suero y paciencia.

Yema del dedo anular con un hematoma oscuro y las punciones profundas dejadas por los colmillos del gato

El agujero oscuro de la yema es por donde entró el colmillo. Mide ±3 milímetros y es lo más peligroso de toda la herida.

Dedo anular ya limpio tras la cura, con la uña partida, la herida de la yema visible y esparadrapo de papel

Lavado, desinfectado y con la uña partida.

Y así salí de allí, con dos dedos inmovilizados porque el de al lado también se llevó lo suyo:

Dos dedos vendados con malla elástica blanca tras la cura en la clínica

La misma mano vendada esa noche en casa, con los dos dedos cubiertos

Los días siguientes fueron de cambiar gasas y vigilar si aquello pintaba mal:

Gasa de la cura con una mancha de sangre, sujeta entre los dedos

Mano con un solo dedo vendado unos días después, ya con mejor aspecto

Una mordedura de gato en la mano no es un arañazo

Esto me lo explicaron en urgencias y merece la pena repetirlo, porque mucha gente se lava la herida en casa y se va a dormir tan tranquila.

El problema de la mordedura de gato es la forma del diente. El colmillo es fino y largo: entra como una aguja, mete bacterias a varios milímetros de profundidad, y el agujero de entrada se cierra en cuestión de horas. Por fuera se ve un puntito. Por dentro tienes un cultivo bacteriano a presión, sin drenaje, pegado a los tendones. En mi caso el colmillo llegó al hueso de la falange, que es justo el escenario que no quieres.

Y la boca de un gato no es un sitio limpio. Un trabajo publicado en la Revista Española de Quimioterapia recoge que Pasteurella multocida forma parte de la flora orofaríngea habitual en más del 90% de los gatos. No es que el tuyo esté sucio: es que la llevan todos.

El Manual MSD lo deja claro para el caso concreto de la mano: una herida punzante pequeña, sobre todo de gato o de humano, puede producir una lesión importante al tendón, la cápsula articular o el cartílago, y acabar en artritis infecciosa o en osteomielitis. El tratamiento de salida suele ser amoxicilina con clavulánico, y no por capricho.

Resumiendo, para quien le pase mañana:

  • Lavar a chorro con agua y jabón, mucho rato, sin tapar y sin coser.
  • A urgencias el mismo día. No “a ver cómo amanece”.
  • Antibiótico si te lo mandan, completo, aunque a los dos días estés estupendo.
  • Vigilar hinchazón, calor, línea roja subiendo por el dedo o fiebre. Eso es volver corriendo.

Yo tuve suerte y no se infectó. Lo que sí hizo fue dolerme cada vez que apoyaba la yema en una tecla, que para alguien que se gana la vida con las manos es una putada considerable.

Y entonces saltó el protocolo antirrábico

Lo que no me esperaba era la segunda parte. En cuanto en urgencias escribieron “mordedura de gato” en el informe, se activó el protocolo antirrábico y el asunto dejó de ser cosa mía.

Funciona así: el animal que muerde se queda en observación durante 14 días. No es opcional, no lo decide el dueño y no vale con que el gato esté vacunado y no salga de casa. Me tocó llevarle al centro de protección animal a que le evaluaran, una visita nada más empezar y otra a los 14 días clavados.

Y el criterio, dicho tal cual, es una joya de la ciencia aplicada: si a los 14 días el gato sigue vivo, el gato no tenía rabia. Literal. No hay prueba, no hay análisis, no hay nada. La lógica es impecable, eso sí: una vez el virus da la cara, mata al animal en cuestión de días, así que un bicho que a las dos semanas sigue tan pancho no te pudo contagiar nada.

El protocolo de vacunación antirrábica tras agresiones de animales de Rioja Salud lo recoge así, y lo mismo hacen los protocolos del resto de comunidades: perro o gato localizado, observación 14 días, y si llega sano al final se descarta la rabia y no hace falta vacunar a nadie.

Lo surrealista es el contexto. España peninsular y las islas no tienen un caso autóctono de rabia desde 1978, solo Ceuta y Melilla registran algún caso importado de vez en cuando. Y aun así, allá que fui dos veces con un gato atáxico que odia el transportín, a que un veterinario certificara que seguía vivo.

Y mira, lo entiendo. La rabia, cuando aparecen los síntomas, se muere prácticamente el 100% de la gente. Con eso no se juega y nadie va a firmar un “bah, seguro que no pasa nada”. Pero entre lo que esperas de un protocolo sanitario y lo que es en realidad, que es ir a mirar si el gato sigue respirando, hay un trecho.

Él acabó peor que yo

Y esta es la parte que de verdad me jode.

Mientras yo me llevaba un dedo reventado por dentro, él se llevó:

  • Las puntas de los dos colmillos rotas.
  • Una herida en la boca, pequeña, de las que sangran mucho y asustan más de lo que son.
  • Una uña arrancada de cuajo durante la huida.

Está bien. Le revisaron, le limpiaron y de momento los colmillos partidos no le dan molestias ni necesitan intervención. Pero piénsalo un segundo: el que ha salido peor parado de todo esto es el animal que estaba jugando tranquilo en una sala pensada precisamente para que estuviera tranquilo.

No le culpo ni un poco. Hizo lo que hace un gato asustado. Los que no hicieron lo que tenían que hacer fueron los que entraron dando botes por una puerta con un cartel que avisa de que hay gatos sueltos.

Lo que haría distinto

He repasado esos cinco segundos unas cuantas veces y tengo claro dónde me equivoqué yo.

  • No cogerle con las manos. Un gato en pánico no se coge, se contiene. Toalla o manta por encima, y ahí sí, en bloque, sin dejarle la cabeza libre.
  • Dejarle llegar al escondite. Si busca un hueco, el hueco es la solución, no el problema. Sale solo cuando le baja la adrenalina, y eso son minutos, no horas.
  • Bajar el ruido antes que bajar al gato. Lo urgente era cerrar la puerta y callar a los tres que entraron, no atrapar al animal.
  • Transportín abierto en el suelo desde el principio. Es el único sitio de esa sala que huele a él.

Y si entras tú algún día en una de esas salas, hazme un favor: entra como si hubiera un gato detrás de la puerta. Porque lo hay.

Preguntas rápidas

¿La ataxia cerebelosa en gatos se cura?

No, pero tampoco empeora. El daño en el cerebelo es anterior al nacimiento y se queda como está. Con la casa adaptada, el gato compensa cada vez mejor y su esperanza de vida es la de cualquier otro gato de interior.

¿Un gato con ataxia muerde más que otro?

No por la ataxia. Sí por la situación: si se mueve peor, huir le sale mal, y un gato que no consigue escapar pasa antes a defenderse. La mordedura es miedo, no carácter.

¿Hay que ir a urgencias por una mordedura de gato en la mano?

Sí, el mismo día. La herida parece mínima porque el colmillo deja un agujero diminuto que se cierra solo, y por debajo quedan bacterias junto al tendón. Las complicaciones serias aparecen a las 24 o 48 horas, cuando ya es tarde para hacerlo fácil.

¿Hay que poner en observación a un gato doméstico que te muerde en España?

Sí. El protocolo antirrábico se activa desde el centro sanitario, no desde tu casa, y obliga a 14 días de observación del animal, aunque esté vacunado y no salga nunca a la calle. Si al cabo de esos 14 días sigue sano, se descarta la rabia y no hay que vacunar a la persona mordida.

¿Por qué se le rompieron los colmillos al gato?

Por el forcejeo: el diente entra, la mano se retira por reflejo y la punta, que es muy fina, se parte. Es una lesión habitual en mordeduras defensivas y hay que revisarla, porque un colmillo roto puede dejar la pulpa expuesta.

Compártelo si te ha resultado útil, y si tienes un gato con ataxia o con cualquier otra rareza neurológica, ¿cómo le habéis adaptado la casa? Cuéntame.

Y… la próxima revisión entro yo con la toalla en la mano.

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