Riñonera táctica verde oliva sobre una mesa de madera oscura con una linterna metálica asomando, parte de un kit EDC urbano

🎒 EDC Urbano: 32 cosas que llevo siempre encima (y por qué)

· ⏱ 29+ min lectura

Este post forma parte de la serie de Preparacionismo sin paranoia.

EDC son las siglas de Every Day Carry: lo que llevas encima todos los días, siempre, sin pensarlo. Las llaves, el móvil y la cartera son el EDC de cualquiera. El EDC del que va a hablar este post es eso mismo, pero pensado: cada objeto está ahí porque resuelve un problema concreto, y no porque se quedó en el bolsillo desde el sábado.

Mucho antes de saber que existía el prepping, el preparacionismo o como lo quieras llamar, yo ya era de los que ahorran un poco cada mes por si acaso y van guardando cosas porque algún día pueden hacer falta. Un poco de comida de más en la despensa, algo de dinero apartado, lo básico repetido. Nada de búnkeres. No me considero preparacionista, por lo menos no en el sentido de las películas. Pero tengo una premisa que me ha funcionado siempre: prepárate para lo peor y espera lo mejor.

¿Y sirve para algo? En marzo de 2020, cuando empezó la pandemia y la gente se pegaba por el papel higiénico en el Mercadona, yo tenía cosas guardadas. No me libré de la incertidumbre, nadie se libró, pero no me cundió el pánico como a otros. No tuve que salir corriendo a comprar nada, porque lo importante ya estaba en casa. Esa tranquilidad es exactamente lo que busco con todo esto.

El EDC es esa misma idea aplicada a lo que llevo en los bolsillos, y la última vuelta de tuerca se la dio lo que aprendí cuando me robaron la cartera en un supermercado: perder el DNI, las tarjetas y el efectivo de un tirón te enseña que llevar las cosas “porque sí” no sirve de nada si no llevas las cosas correctas.

Un EDC urbano no es ir cargado como si fueras a una expedición. Es justo lo contrario: son los objetos mínimos que te resuelven un problema real, del más tonto (una tuerca floja) al más serio (una hemorragia). Está pensado para un día normal fuera de casa: ocho, diez o doce horas entre el trabajo, el transporte y la calle. No es una mochila de emergencia. Para crisis como la pandemia, el apagón o una DANA lo que llevas en los bolsillos se queda corto, hace falta otra cosa, y la cuento en qué meter en una mochila de emergencia. Esto es lo que te resuelve el día cuando algo se tuerce lejos de casa.

Aquí va el mío, ordenado por para qué sirve, con el motivo de cada elección y, porque toca, con lo que dice la ley española sobre lo que puedes llevar encima sin líos.

Dónde va todo

Antes de la lista, el contenedor. Sin un sitio donde llevarlo, todo lo demás se queda en casa.

1. Riñonera o bandolera. Meter todo lo que viene a continuación en los bolsillos del pantalón es incómodo y, en el peor caso, un bulto que delata lo que llevas. Una riñonera Taktik de liberación rápida reparte el peso y te deja las manos libres, que es lo que de verdad importa cuando llevas prisa o vas cargado con la compra.

Eso sí, no vale cualquiera. Yo le pido como mínimo elásticos por fuera, para meter una botella o algo que quieras tener a mano sin abrir nada, y compartimentos por dentro, para que el botiquín, los cables y la cartera no acaben hechos una bola. Y si tiene velcro o tiras para enganchar pouches (bolsitas extra que añades o quitas según lo que necesites ese día), mucho mejor. Es un mundo en sí mismo, en el que puedes estudiar y aprender muchísimo, así que tómate tu tiempo para elegirla bien: es la pieza que va a llevar todo lo demás. Ojo con un detalle de esa riñonera en concreto: trae una funda para pistola. Seguramente el 99% de los que leéis esto querréis cambiarla por un pouch para el botiquín o para lo que sea, porque la mayoría no podéis llevar ni arma ni munición (lo explico en la parte legal). Si quieres comparar, aquí tienes más riñoneras tácticas EDC.

Identidad, dinero y llaves: cómo no perderlos dos veces

Lo que llevas encima todos los días aunque no tengas ningún EDC. Aquí es donde más me pesó el error que conté en el post de la cartera robada, y no repetí el fallo por casualidad.

2. Cartera minimalista. La lección que saqué del robo fue que el DNI, el carné de conducir y las tarjetas que no usas a diario son lo más difícil de recuperar. Menos documentos dentro significa menos que perder si te roban o si se te cae en cualquier sitio, y menos trámites después. Y que tenga protección RFID: las tarjetas contactless se pueden leer a pocos centímetros sin sacarlas del bolsillo, y una cartera con bloqueo RFID corta esa lectura de raíz. Una cartera tarjetero de cuero con bloqueo RFID cumple de sobra, pero hay carteras minimalistas con RFID para todos los gustos.

3. Localizador Bluetooth. Un Chipolo CARD (o un AirTag, si vas con iPhone) metido en la propia cartera avisa en el móvil en cuanto se aleja demasiado. No evita el robo, pero sí te da margen de reacción: en mi caso concreto, saber dónde estaba la cartera fue la diferencia entre perseguir una pista real y mirar al suelo sin rumbo. Hay más localizadores para cartera con formato tarjeta.

4. Dinero en efectivo, pero poco. Sigo llevando algo de efectivo, porque hay sitios donde la tarjeta falla o directamente no la aceptan. La clave está en la cantidad: lo justo para un imprevisto, no un fajo que convierta un simple carterazo en un disgusto de verdad. Y en qué billetes: siempre pequeños, y algo de monedas. El día que falle todo, nadie va a tener cambio de un billete de 50. Si no quieres que esos billetes vayan con las tarjetas, un clip de dinero magnético de cuero o cualquier otra pinza para billetes los separa y, si te roban la cartera, al menos el efectivo sigue en otro bolsillo.

5. Llavero organizador. Un manojo de llaves sueltas hace ruido, se engancha en el bolsillo y con el tiempo raya el móvil. Un organizador tipo KeySmart Air las comprime en un bloque plano y silencioso, y además tiene hueco para un AirTag. Es de las mejoras menos vistosas de todo el EDC, pero la notas todos los días. Hay llaveros organizadores sin AirTag y más baratos.

Herramientas que resuelven problemas del día a día

La mayoría de imprevistos urbanos no son emergencias. Son fallos pequeños que, sin la herramienta adecuada, se convierten en una tarde perdida.

6. Multiherramienta. Mi Leatherman es una Wave que compré allá por 1998 o 2000. Tiene por lo menos 26 o 28 años y está como nueva, que es el mejor argumento que conozco para gastarse el dinero en una buena. Alicates, destornilladores, tijeras, sierra y hoja de corte en un único objeto que cabe en un bolsillo o en la riñonera. La uso más para abrir cajas, apretar un tornillo suelto o cortar una brida que para nada “táctico”, y precisamente por eso es la pieza que más utilizo de todo el kit. Su heredera actual es la Leatherman Wave+, y si vas a comprar una para toda la vida, la Leatherman ARC es lo más alto de la gama; si no, tienes multiherramientas Leatherman de todos los tamaños y precios.

7. Linterna pequeña (pero de verdad). Un móvil ilumina lo justo y, encima, gasta la batería que vas a necesitar para otra cosa. Una linterna EDC recargable como la Nitecore EDC37 cabe en la palma de la mano y da muchísima más luz que cualquier móvil. Si te parece demasiado, una OLIGHT I1R II Pro va colgada del llavero, pesa menos que una llave y da 180 lúmenes. Y si ninguna te convence, hay linternas EDC recargables para aburrir. Sirve para el portal sin luz, para buscar algo debajo del coche o, si hace falta, para deslumbrar a alguien que se acerca demasiado.

8. Mechero. Aunque no fumes. Sirve para quemar el hilo deshilachado de una cuerda, sellar el extremo de una brida, encender una vela cuando se va la luz, iluminar un poco si te has dejado la linterna o darle fuego a la posible mujer de tu vida (lo de “posible” es importante: el mechero ayuda, pero no hace milagros). Un pack de 50 BIC Maxi te dura media vida y da para dejar uno en cada chaqueta, y hay mecheros BIC y Clipper en packs más pequeños.

El problema del mechero en el bolsillo es que el botón se aprieta solo con el roce, se escapa el gas y, el día que lo necesitas, está vacío. El truco que usa mucha gente es poner una brida pequeña debajo de la palanca del gas para que no se pueda pulsar sin querer. Funciona, pero luego quitarla con prisa es un suplicio. La solución más cómoda es llevar directamente un mechero con tapa: un Zippo o cualquier otro mechero con tapa no se enciende solo en el bolsillo y no tienes que inutilizarlo. Eso sí, el Zippo va con gasolina y la gasolina se evapora poco a poco aunque no lo uses, así que hay que rellenarlo de vez en cuando.

9. Bolígrafo. Parece de abuelo, lo sé. Pero el formulario del parte amistoso, la matrícula del coche que se ha dado a la fuga o el teléfono de alguien cuando tú ya no tienes batería se apuntan con un boli, no con buena voluntad. Un MecArmy TPX8 de latón, en miniatura y retráctil, aguanta años en el bolsillo sin partirse. Hay más bolígrafos EDC de titanio y acero si prefieres otro.

10. Libreta pequeña (o unos post-its). El boli sin papel no sirve de mucho, y escribir en el dorso de la mano tiene un límite. Una libreta Rite in the Rain de bolsillo tiene el papel impermeable, así que se escribe en ella bajo la lluvia y sobrevive a un café derramado (hay más libretas de bolsillo impermeables). Si prefieres algo que se pueda arrancar y dejar pegado (en el parabrisas del coche al que le has dado un golpe, en la puerta del vecino), un bloc de Post-it mini ocupa menos que un mechero.

11. Bolsas vacías (y alguna de basura). Una bolsa plegada no ocupa nada y siempre acaba haciendo falta: la compra que no cabía en la mochila, la ropa mojada, los zapatos llenos de barro o la basura de la merienda cuando no hay papelera cerca. Una bolsa de la compra plegable se queda del tamaño de un puño, y hay bolsas plegables de todos los colores. Y mete también una bolsa de basura grande doblada, que tiene más usos de los que parece: con un agujero para la cabeza es un poncho de emergencia, forrada por dentro hace estanca la mochila, sirve para sentarte en el suelo mojado y recoge agua de lluvia si hace falta. Un rollo de bolsas de basura resistentes da para años, o busca bolsas de basura resistentes de otras marcas.

12. Cinta americana. Arregla una suela que se despega, una mochila rajada, unas gafas rotas o un cable pelado; sujeta un vendaje o tapa un agujero. En el EDC no vas a llevar un rollo entero: o un mini rollo de Duck Tape, o el truco de siempre, enrollar un par de metros alrededor del bolígrafo o del mechero, que no ocupan nada y están ahí cuando hacen falta. Hay más minirrollos de cinta americana de otras marcas.

Batería, datos y papeles digitales

El móvil es media vida, y casi todo lo que falla en la calle tiene que ver con él: sin batería, sin cable o sin el documento que te piden.

13. Batería externa. Hoy el móvil es la cartera, el billete de metro, el mapa y la forma de pedir ayuda. Sin batería, no eres nadie. Una Belkin BoostCharge de 20.000 mAh con el cable USB-C integrado da para varias cargas completas, y al llevar el cable pegado no hay que acordarse de nada más. Si buscas algo más pequeño, mira las baterías externas con cable integrado.

14. USB cifrado con tus papeles. El certificado digital, una copia escaneada del DNI y del pasaporte, la tarjeta sanitaria, las pólizas del seguro y las recetas. Si pierdes la cartera o tu casa se queda bajo el agua, con eso puedes hacer casi cualquier trámite desde el ordenador de otro. Eso sí: un USB con tu certificado digital es la llave de tu vida administrativa, así que tiene que estar cifrado. Un Kingston IronKey Keypad 200C lleva teclado y se desbloquea con un PIN en el propio pincho, sin instalar nada, así que funciona en cualquier ordenador o en el móvil por USB-C. Si no quieres gastar tanto, hay memorias USB cifradas más baratas; como mínimo, cifra los archivos antes de copiarlos.

15. Cables de datos y de red. La mayoría de los cables que vienen con los cargadores solo cargan: no pasan datos. El día que necesitas sacar las fotos del móvil a un portátil, o conectar el USB de antes a un móvil, descubres cuál era cuál. Un cable USB-C UGREEN USB4 de datos carga, pasa datos a toda velocidad y saca vídeo, todo en uno. Y un cable de red plano (se enrolla como una cinta) te salva cuando el wifi de un hotel, de una oficina o de casa de un familiar no funciona pero el router sí. Hay más cables USB-C de datos y cables de red planos de varios largos.

16. Adaptadores USB. USB-A, USB-C, micro USB, mini USB, Lightning: siempre falta el que necesitas. Un pack de adaptadores UGREEN de USB-C a USB-A y un kit de adaptadores de USB-C a micro, mini USB y Lightning ocupan lo que una moneda cada uno y convierten cualquier cable en el cable que te hace falta. Hay kits de adaptadores USB de todas las combinaciones.

El botiquín de bolsillo

Nadie lleva estas cosas hasta el día que las necesita. Y ese día, siempre, las necesita otro. Van en el orden en que las usarías: primero protegerte, luego limpiar, desinfectar, tapar y sujetar.

17. Bolsa estanca. El sitio donde vive todo el botiquín. Un saco estanco Osprey Ultralight de 3 litros mantiene guantes, tiritas, toallitas y vendas juntos, secos y localizables en dos segundos, en vez de desperdigados por el fondo de la riñonera. Y, de paso, sirve para meter el móvil si te pilla un chaparrón. Tienes más bolsas estancas pequeñas de varias capacidades.

18. Guantes de nitrilo. Si alguna vez tienes que ayudar a alguien que sangra, lo primero eres tú: sangre ajena en tus manos es un riesgo que no hace falta correr. Un par de guantes de nitrilo PROGRIP de doble grosor sin látex (para no encontrarte con alérgicos) doblados ocupan lo que un sobre de azúcar. La caja da para años y para repartir entre la mochila, la guantera del coche y casa, y si se acaba, guantes de nitrilo hay en cualquier sitio.

19. Pañuelos de papel. El objeto más tonto de la lista y el que más uso con diferencia. Un baño público sin papel, un café derramado, una herida que sangra más de la cuenta o un niño ajeno con mocos hasta la barbilla. Un paquete de pañuelos Foxy Cream de cuatro capas (o de cualquier marca) ocupa nada y resuelve todo eso.

20. Suero fisiológico. Para limpiar una herida cuando no tienes agua y jabón a mano, para sacarte una mota de polvo o un mosquito del ojo, o para lavar los ojos de alguien después de una nube de humo o de spray. Las monodosis Physiodose de Gilbert son de 5 ml, estériles y se tiran después de usarlas, así que un par caben en cualquier bolsillo. Hay más monodosis de suero fisiológico de otras marcas.

21. Jabón en hojas, pastillas o sobres monodosis. Limpiar una herida empieza por lavarse las manos, y fuera de casa casi nunca hay jabón a mano: el de los baños públicos se acaba, y en una fuente del parque no hay. Unas hojas de jabón de papel (mini láminas que se deshacen con un poco de agua) caben en un bolsillo, no ensucian nada y sirven igual para lavarte las manos antes de tocar una herida que para limpiar la propia herida con agua corriente. Si las prefieres en otro formato, hay hojas de jabón de viaje, pastillas pequeñas y sobres de jabón líquido monodosis.

22. Toallitas desinfectantes (o un bote pequeño de clorhexidina). Antes de poner la tirita hay que limpiar la herida. Lo mejor es agua y jabón, y con el jabón monodosis del punto anterior lo tienes aunque no haya baño; si ni siquiera hay agua, el suero fisiológico del punto 20. Lo que añaden las toallitas o la clorhexidina es desinfectar. Unas toallitas Germoxid de clorhexidina en sobre individual desinfectan sin escocer como el alcohol, y un par de sobres no abultan más que una tarjeta. Hay más toallitas de clorhexidina monodosis si no quieres una caja tan grande. Si prefieres líquido, un bote pequeño de clorhexidina en spray hace lo mismo y dura más: unos sprays de Cristalmina (vienen dos, uno para la riñonera y otro para casa) o cualquier otro spray de clorhexidina de bolsillo. Ojo con que cierre bien: un bote que gotea en la riñonera es una fiesta.

23. Tiritas. Un roce del zapato nuevo, un corte con un papel, un raspón en la rodilla del crío. Media docena de tiritas Hansaplast de cuatro tamaños cubren el 90% de lo que te va a pasar un día normal. La caja se queda en casa; en la riñonera van seis o siete, y se reponen cuando gastas una (hay más surtidos de tiritas). Si tienes críos, mete también unas cuantas tiritas infantiles, de Marvel, de Frozen o de los dibujos que le gusten: se quitan sin tirón, y un niño o una niña que llora por un raspón deja de llorar bastante antes si la tirita lleva a Spiderman o a Elsa. Funciona, no me preguntes por qué.

24. Venda compresiva. Un esguince al bajar un bordillo, una herida que sangra más de lo que tapa una tirita o una gasa que hay que sujetar con presión. Una venda cohesiva se pega a sí misma (no necesita esparadrapo ni imperdibles), aprieta lo justo y se pone con una mano. Un pack de 20 vendas cohesivas de 5 cm da para la riñonera, el coche y casa, y hay vendas cohesivas de varios anchos.

25. Tijeras de trauma. Las tijeras que llevan los sanitarios del SUMMA o del SAMUR: punta roma, hoja angulada, y cortan vaqueros, cinturones o un abrigo de plumas sin pinchar a la persona que hay dentro. Si alguna vez tienes que poner un torniquete o ver de dónde sale la sangre, primero hay que quitar la ropa de en medio, y con las tijeras de la multiherramienta no llegas. Unas tijeras de trauma plegables 6 en 1 caben en la riñonera; si las prefieres clásicas, hay tijeras de trauma de todos los tamaños.

26. Medicación para un día fuera. Como decía al principio, todo esto está pensado para un día fuera de casa, y en esas horas lo más probable no es una hemorragia: es un dolor de cabeza, un corte de digestión o una de esas diarreas espontáneas que te pillan en mitad del metro. Así que llevo lo justo para un día: un par de pastillas de paracetamol o ibuprofeno, un par de Fortasec (loperamida) para la diarrea, un antiácido tipo Almax, un antihistamínico para alergias y picaduras y, por supuesto, la medicación habitual si tomas alguna, porque el día que no vuelves a casa a tu hora es el día que te falta. Los medicamentos se compran en la farmacia, no en Amazon, y conviene leer el prospecto y preguntar al farmacéutico si tienes dudas. Lo que sí está en Amazon es dónde llevarlos: un pastillero de aluminio estanco de llavero o cualquier otro pastillero estanco. Un truco: recorta el trozo de blíster en vez de sacar las pastillas sueltas, así sigues viendo el nombre y la fecha de caducidad.

27. Algo de comer: barritas, azúcar y caramelos. Ocho o diez horas fuera de casa dan para una bajada de azúcar o para que te entre un hambre de las que no te dejan pensar. No hace falta mucho: un par de barritas energéticas, unos sobres de azúcar de los del bar y algún caramelo. Unas barritas Victory Endurance aguantan meses en la riñonera sin aplastarse, y unas tabletas de glucosa Dextro Energy suben el azúcar en minutos, que es justo lo que necesitas en una bajada. Hay más barritas energéticas y tabletas de glucosa de otras marcas. Y si eres diabético, esto ya lo sabes mejor que yo: no es opcional.

28. Preservativos. Sí, en serio, y es de lo más importante de la lista. Para lo que estás pensando, lo primero: un par en la cartera o en la riñonera te ahorran sustos que duran bastante más que una noche. Y oye, ¿te acuerdas del mechero? ¿Y si ha funcionado lo de darle fuego a la posible mujer de tu vida? Pues para eso también están aquí. Pero además, siendo un globo de látex muy resistente, sirven para cosas que no te esperas: un preservativo sin lubricar aguanta un litro de agua si no tienes otro recipiente, mantiene seco el móvil o una cerilla, y hace de goma elástica en un apuro. Un pack grande de Durex Sensitivo Suave da para repartir entre la cartera, la riñonera y la mesilla, y hay preservativos de todas las marcas y tamaños. Revisa la fecha de caducidad de vez en cuando: el roce en la cartera también los estropea. Y de aquí sale una frase que digo mucho: las armas son como los condones, mejor llevarlas y no necesitarlas que necesitarlas y no llevarlas.

Con los condones, de acuerdo al cien por cien. Con las armas, la frase tiene trampa, y lo cuento en la parte legal, al final.

Para cuando la cosa se complica de verdad

Estos son los que menos gente lleva, y el último, el spray, el que más dudas legales genera. Merece la pena pararse en ellos.

29. Silbato. Si te quedas atrapado en un ascensor, en un portal o bajo algo, gritar te deja sin voz en cinco minutos. Un silbato se oye a cientos de metros y no se cansa. Un silbato de emergencia de titanio pesa nada y va en el llavero; si prefieres plástico, hay silbatos de emergencia sin bola que no se atascan con frío ni mojados.

30. Torniquete. Un torniquete como el SAM XT o el clásico C-A-T sirve para cortar una hemorragia grave en segundos, algo que un vendaje normal no consigue a tiempo. Ojo con los de diez euros: hay muchas copias que se rompen al apretar, así que compra marca reconocida aunque veas torniquetes más baratos. No hace falta ser sanitario para llevarlo: es un objeto médico de venta libre, sin restricción legal para particulares en España. Y aquí va lo importante: llevarlo no basta. Un torniquete mal colocado (demasiado flojo, demasiado abajo, sin apretar lo suficiente) no para la hemorragia y encima puede empeorarla. Hay que hacer un curso de primeros auxilios o de control de hemorragias, aprender a colocarlo con una mano y practicar hasta hacerlo sin pensar. Cruz Roja y muchas asociaciones de emergencias los dan en una mañana. Sin el curso, el torniquete es peso muerto.

31. Material hemostático. El torniquete solo sirve en brazos y piernas. Una herida en el cuello, la axila o la ingle no se puede apretar con un torniquete, y ahí lo que funciona es una gasa hemostática: una gasa tratada con un agente que acelera la coagulación, que se mete dentro de la herida (lo que en los cursos llaman empaquetar) y se aprieta con fuerza varios minutos. Una gasa hemostática SurviveX va plegada al vacío y ocupa lo que un móvil. Para cortes pequeños o una hemorragia nasal que no para, unas gasas hemostáticas Coalgan caben en la cartera. Hay más gasas hemostáticas y vendajes israelíes para completar el kit. Y aquí pasa lo mismo que con el torniquete: sin formación, no sirve. Empaquetar una herida (meter la gasa hasta el fondo, en el sitio correcto, y apretar el tiempo suficiente) se aprende en un curso de control de hemorragias y se practica, no se improvisa leyendo las instrucciones con las manos llenas de sangre. Si llevas gasa hemostática, haz el curso.

32. Spray de pimienta. Aquí es donde más mitos circulan, así que vamos con lo que dice la normativa. En España es legal comprar y llevar spray de pimienta, pero solo si es un modelo homologado por el Ministerio de Sanidad, con un máximo de 100 ml y oleorresina de capsicum (OC) como único principio activo. La venta solo puede hacerse en armerías, no vale comprarlo en Amazon ni en un bazar, y su uso está limitado a la legítima defensa: usarlo sin justificación puede acarrear una multa desde 601 euros en adelante. Si te planteas llevarlo, la primera parada tiene que ser una armería, no una tienda online.

Un detalle práctico que casi nadie cuenta: el spray se lleva en el bolsillo o en un sitio de acceso muy rápido (si tienes que buscarlo en el fondo de la mochila, no sirve de nada). Yo lo llevo en el bolsillo. Y ahí, con el roce de las llaves y las monedas, la etiqueta con los datos de homologación acaba borrándose. Si un agente te pide que demuestres que es legal y la etiqueta no se lee, tienes un problema. La solución cuesta céntimos: dale un par de vueltas de celo transparente o de film alrededor de la etiqueta, y se mantiene legible años. Un pack de celo de 18 mm da para el spray y para todo lo demás.

Y ya que vas a la armería, que sea de gel. El gel sale como un chorro de líquido, no como una nube, así que es mucho más fácil de orientar y el viento te lo devuelve a la cara bastante menos que el de niebla. Compra varios: uno para llevar y otros para practicar. Vaciar uno entero en campo abierto, sin nadie delante y con el viento a favor, te enseña el alcance real, cuánto dura y cómo apuntar con los nervios. Y practica también qué haces cuando se acaba, porque con el bote en el puño sigues teniendo algo duro con lo que golpear. Siempre dentro de la legítima defensa, eso sí: la proporcionalidad la valora un juez después, no tú en caliente.

El último detalle, que casi nadie lleva: el descontaminante. Marcas como Sabre venden sprays para limpiar el OC de la piel y los ojos, y hay gente (yo incluido) que lo lleva encima por si acaso, porque el viento cambia o porque algún mamoncete también lleva spray y decide usarlo primero. Un spray de enjuague ADMIRAL Rescue OCS o cualquier otro descontaminante para spray de pimienta ocupa lo que un bálsamo labial y te ahorra media hora de llorar a ciegas.

Lo que dice la ley sobre llevar esto en la calle

Vuelvo a la frase de los condones, porque con las armas de verdad, en España, choca de frente con la ley.

Llevar encima un arma de fuego corta para defenderte está prohibido salvo que tengas licencia A o licencia B, y ninguna de las dos está al alcance de un ciudadano normal. La licencia A es para miembros de las Fuerzas Armadas, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y del Servicio de Vigilancia Aduanera. La B, que es la de defensa personal para particulares, la concede la Dirección General de la Guardia Civil con carácter restrictivo, y el propio artículo 99 del Reglamento de Armas deja claro que “la razón de defensa de personas o bienes, por sí sola, no justifica la concesión”: tienes que demostrar un riesgo especial, como que tu vida esté claramente amenazada. Osea, que en la práctica, prácticamente nadie la consigue.

Los puñales, por cierto, ni se plantean: el artículo 4 del Reglamento de Armas prohíbe “los puñales de cualquier clase”, y considera puñal cualquier hoja de dos filos y puntiaguda.

Y aunque no fuera ilegal, tampoco tendría sentido. Mucha gente lleva un puñal o un cuchillo por la calle “por si acaso”, para defenderse. Pero casi nadie se para a pensar en lo evidente: lo más probable es que no seas capaz de clavarle un cuchillo a otra persona. Cuando llega el momento, te bloqueas, dudas, y lo único que consigues es que el otro te lo quite. Y si el otro es un cabrón, ese sí va a ser capaz, y la puñalada te la llevas tú. Por eso en esta lista no hay navaja de defensa (la hoja de la multiherramienta es para cortar bridas, no personas) y lo único pensado para defenderse es el spray de pimienta.

Así que lo que queda para el resto de los mortales es lo que hay en esta lista, y aun así con matices. La multiherramienta merece un apartado aparte, porque aquí circula un mito que hay que desmontar: lo de los 11 centímetros NO es un permiso para llevar la navaja por la calle. Ese número sale del artículo 5 del Reglamento de Armas, y lo que dice es que una navaja no automática con la hoja de más de 11 cm no se puede ni vender ni tener, salvo en casa y como objeto de colección. Es decir, marca qué navajas puedes comprar, no cuáles puedes llevar encima.

Para llevarla, el que manda es el artículo 146 del mismo reglamento, y es bastante más duro de lo que la gente cree: prohíbe portar cualquier arma blanca fuera de casa, del trabajo o de la actividad deportiva que la justifique, “especialmente aquellas que tengan hoja puntiaguda”. Y la frase clave viene justo después: queda “al prudente criterio de las autoridades y sus agentes” apreciar si tienes o no necesidad de llevarla. Osea, no hay una medida mágica que te salve. Una hoja de 4 cm puede acabar en multa y una de 8 cm puede no pasar de una pregunta: depende de dónde estés, a dónde vayas y qué le cuentes al agente.

Las consecuencias tampoco son ninguna broma. Portar un arma fuera de los lugares habilitados es infracción grave según el artículo 36.10 de la Ley de Seguridad Ciudadana, con multa de 601 a 30.000 euros y la retirada de la herramienta. Y el mismo artículo 146 considera ilícito, en general, llevarla a bares, conciertos, discotecas o cualquier sitio de reunión o recreo.

Siendo realistas, una Leatherman de camino al trabajo o de excursión tiene una justificación fácil de explicar. La misma Leatherman a las dos de la mañana en la puerta de una discoteca, ninguna. Si vas a un sitio donde no tiene sentido llevarla, déjala en casa: el criterio que prevalece es el del agente, no el tuyo.

Con el torniquete no hay restricción: es material sanitario, como una tirita grande. Las tijeras de trauma, tampoco: tienen la punta roma precisamente para no pinchar, y son material sanitario de venta libre. Con el spray de pimienta, la clave ya la he contado arriba: homologado, comprado en armería, y solo por legítima defensa.

Ninguno de estos treinta y dos objetos pesa ni ocupa lo que parece desde fuera. Lo que cambia de verdad no es el peso del bolsillo, es la tranquilidad de no tener que improvisar cuando algo sale mal.

Preguntas frecuentes

¿Es legal llevar una multiherramienta tipo Leatherman por la calle en España?

Depende del motivo, no de la medida. El límite de 11 centímetros del Reglamento de Armas regula qué navajas se pueden vender y tener, no cuáles se pueden llevar. Para llevarla encima, el artículo 146 deja la decisión al criterio del agente: si puedes justificarla (trabajo, excursión, una tarea concreta) no suele haber problema, pero sin motivo aparente, y sobre todo en bares, conciertos o discotecas, es una infracción grave con multa de 601 a 30.000 euros.

¿Puedo comprar spray de pimienta en Amazon?

No de forma legal. La normativa española exige que el spray de pimienta homologado (máximo 100 ml, solo OC como principio activo) se venda exclusivamente en armerías. Comprarlo en Amazon o en tiendas no autorizadas expone a una multa desde 601 euros.

¿Necesito formación para llevar un torniquete en el EDC?

No es obligatorio por ley, pero sí muy recomendable. Un torniquete mal aplicado no controla la hemorragia y puede causar daño adicional. Un curso básico de primeros auxilios de un par de horas es suficiente para aplicarlo con seguridad.

¿De verdad sirve un localizador Bluetooth en la cartera?

Sí. No evita el robo, pero avisa en cuanto la cartera se aleja del móvil y te da una referencia de ubicación real, en lugar de tener que reconstruir a ciegas dónde la perdiste.

Precios consultados el 13 de octubre de 2026.

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En la próxima entrega de la serie: qué llevar en una mochila de emergencia para un apagón o una DANA.

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Y… que no te haga falta usar ninguno de estos, pero que los lleves por si acaso.

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La silla es la pieza más importante de tu puesto de trabajo y donde más gente se equivoca. Es donde pasas todas tus horas, así que es donde más se nota acertar o cagarla. En esta entrega de la serie de ergonomía te cuento qué mirar de verdad en una silla: por qué la malla les gana a casi todas, por qué los reposabrazos ajustables son innegociables, y por qué no existe la silla perfecta universal, porque depende de tu altura, tu peso y las horas que te sientas. Repaso opciones reales por gama de precio, desde la mítica Markus de IKEA y las Hbada de buena relación calidad-precio hasta Sihoo, Flexispot, Libernovo y la reina Herman Miller Aeron, para que elijas la tuya con criterio y no por el color.